Nos llega un texto de un fotógrafo asociado a PAM denunciando lo ocurrido en el foso de La Riviera durante el pasado concierto de Pennywise
Durante el concierto de Pennywise celebrado el pasado 1 de julio en La Riviera se produjo una situación que merece una parada y una reflexión sobre las condiciones en las que la prensa musical desarrolla su trabajo.
Como es habitual, los fotógrafos acreditados accedimos al foso para realizar las fotografías durante las tres primeras canciones. Finalizando la tercera canción el personal de seguridad de la sala nos dirigió hacia la calle por la puerta situada debajo del escenario del recinto, sin pasar por el paso habitual situado a la derecha del escenario. (Para que el que conozca la sala).
Lo llamativo del caso es que esa circunstancia no había sido comunicada previamente. Al retirar las acreditaciones se había indicado expresamente que, tras las tres primeras canciones, bastaba con guardar el equipo fotográfico para poder permanecer en la sala como público acreditado.
Entre la decena aproximada de fotógrafos presentes había varios que, además de realizar las fotografías, éramos también los encargados de redactar la crónica para nuestros respectivos medios. Circunstancia que -al menos algunos- habíamos descrito en el formulario de petición de acreditación. La primera consecuencia será que algunas crónicas y coberturas del concierto, no saldrán a la luz, simplemente porque quienes debíamos escribirlas fuimos obligados a abandonar el recinto.
Hay que destacar que el personal de La Riviera tuvo en todo momento un trato más que correcto y amable, mostrando incluso bastante sorpresa por la situación, comunicada a última hora. La cuestión, por tanto, no tiene que ver con el personal de la sala ni con el management de la banda, sino con unas condiciones de acceso que no fueron comunicadas con la suficiente claridad, pero, sobre todo: con una decisión (al parecer unipersonal) del personal de producción de la promotora HFMN CREW, improvisando sobre la marcha del concierto.
No se trata de discutir que una promotora pueda establecer las normas de acceso que considere oportunas para su evento, aunque eso da para otro debate interesante sobre el maltrato (cada vez más) a todos los compañeros de prensa gráfica. Si la política consiste en que los fotógrafos deben abandonar definitivamente el recinto tras las tres primeras canciones, está en su derecho (discutible o no) de hacerlo. Lo que sí parece razonable es que esa condición se comunique de forma expresa en el momento de aceptar las acreditaciones, para actuar en consecuencia y saber si merece la pena cubrir ese evento o no.
Conocer esa información de antemano permite a los medios decidir cómo organizar la cobertura, valorar si resulta necesario desplazar también a un redactor, cuando las condiciones de acreditación lo permitan o, sencillamente, decidir si pueden asumir una cobertura que, de otro modo, quedará inevitablemente incompleta.
La transparencia en todas las condiciones beneficia a todas las partes. Evita malentendidos, permite a los medios planificar su labor y favorece una relación de confianza entre promotores y prensa especializada. En un mundo en el que la cobertura de la música en directo depende, en gran medida, del trabajo de medios pequeños e independientes, resulta especialmente importante que, quienes acudimos a un concierto/evento podamos desarrollar el trabajo para el que hemos sido acreditados. Una acreditación de prensa debe servir para facilitar el trabajo periodístico, no para imposibilitar que este pueda completarse.
