La reciente gira de Rosalía, LUX Tour, con cuatro fechas en Madrid y Barcelona, no permite el acceso a los reporteros gráficos aduciendo a “las particularidades técnicas y de producción del evento”, como ha denunciado el diario El País en un artículo del redactor jefe de fotografía Moeh Atitar.
Como apunta: Rosalía, la promotora o quien haya decidido no dejar entrar a los fotoperiodistas está en su derecho. Es un evento privado y ellos deciden. Pero también existe el derecho a señalar los obstáculos que se imponen a la prensa gráfica para informar y que merman la calidad informativa que reciben los lectores, los más importantes en todo esto y quienes, al final, consumen el maravilloso trabajo de esta artista.
La promotora (Live Nation) ha facilitado un enlace con una selección de fotos de cada una de las noches, lo que ha provocado una uniformidad total en las crónicas publicadas por los diferentes medios de comunicación que han cubierto el evento. Como concluye Atitar: La cultura, la música, es una construcción global y necesariamente multidisciplinar. No limiten esa variedad con un discurso único, porque al final pierden el artista, el fotoperiodista, los lectores y su público. El legado que dejemos para el futuro, en forma de crónica gráfica de uno de los mejores conciertos del año, será entonces escaso, monótono y, sobre todo, pobre.
La falta de periodistas y reporterxs gráficxs rompe la cadena de la información en el eslabón de la difusión pública
La ruptura de este eslabón artista – prensa musical, en esta parte del proyecto en el que se traslada al formato concierto el formato discográfico, resulta abusiva y supone la cosificación manipulada de los profesionales. La razón no es otra que quienes son requeridos y demandados en la fase de promoción del disco para contribuir al proceso de lanzamiento –por parte de la discográfica y la agencia de promoción– posteriormente son obviados y rechazados por el artista o la promotora.
Si los recintos ofrecen sus propios fotógrafos a los artistas (y estos deciden contar con ellos) o son los artistas quienes ya llevan en sus equipos a profesionales que realizan las labores de registro gráfico y audiovisual, asumimos la realidad de este nuevo paradigma en la comunicación pública del concierto. Lo cual no excluye nuestro derecho a señalar que la cadena del derecho a la información está siendo comisariada por el lado artístico en favor del control reputacional.
Entendemos que el tratamiento de la imagen pública es una prioridad para los artistas quienes ya se han convertido en sus propias marcas comerciales (más allá del merchandising), sus propios medios de comunicación y sus propios prescriptores de contenido pero dejar de fomentar el reconocimiento de los periodistas musicales y los reporteros gráficos es corromper el espíritu del trabajo en equipo y denostar el oficio de informar. Es traficar con la desinformación y legitimar por encima de los profesionales al fandom, quienes también son necesarios y poderosos, permitiendo y fomentando el uso de los dispositivos móviles de los que hacen uso cuando asisten como público a los conciertos. Si ellos pueden registrar gráfica y audiovisualmente con ganas e ilusión, ¿por qué a los reporteros gráficos no se les permite registrar con profesionalidad y con unos estándares de calidad asegurados?
Desde PAM apoyamos igualmente a la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) denunciando que lleva años soportando la censura y las dificultades para desarrollar su actividad o al Grup de Treball de Fotoperiodistes que recientemente denunció un boicot a su trabajo en el Act X Palestina.
En el reciente II Congreso del Periodismo Musical incluimos el habitual maltrato a fotoperiodistas en el decálogo de buenas prácticas que desarrollaremos en próximos encuentros.
